
En Mendoza se hacen rosados de tintos como el Malbec y el Cabernet, así también como espumantes rosé que pueden remplazar al champán.
Los rosados o rosé ocupan un mínimo porcentaje de la producción y el despacho de vino provincial. Pero aunque no tengan gran demanda, la mayoría de las bodegas los cuentan entre sus cartas porque son un producto rentable al cual se busca posicionar como una novedad de alta gama o una moda.
El rosado se consigue del primer escurrido del caldo de uvas tintas o tintas y blancas. El color, que en los descriptores va del rojo puro al teja vieja, se lo aporta el contacto con el hollejo durante el tiempo que determine el enólogo, según el matiz que desee para su producto. Por ende, se lo entiende como un subproducto para el cual no existe una gran demanda, pero sí una creciente oferta.
Como referencia están los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). De 11.024.275hl de vinos elaborados en Mendoza en 2008, solo 180.767hl fueron rosados (1,64% del total). A su vez, de 8.230.306hl despachados, 324.873hl fueron rosé.
Basada en estos datos, Cristina Pandolfi, subgerente de Estadísticas y Asuntos Técnicos Internacionales del INV, señaló que "no se puede decir que Mendoza tenga una tradición al respecto. Esta es la tierra de los tintos y no hay muchos lugares en el mundo donde se los pueda producir con la calidad local. Pero los rosados se elaboran de uvas tintas, y como Mendoza es la principal productora del país, también es donde se registra la mayor producción".
No obstante, destacó la tendencia de las bodegas con producción de alta gama a incorporar rosados. "Está muy bien que se diversifiquen: así el consumidor tiene una oferta de distintos tipos de vinos, ya que cada uno puede servir para una ocasión en particular. Esa es la ventaja del vino: siempre hay uno que puede combinarse o adecuarse a la oportunidad, hora, estación, comidas", remarcó.
Desde su percepción, los rosé se está poniendo de moda "a partir del lugar que tienen en las publicaciones especializadas y en la oferta de las bodegas. Es una bebida interesante para explorar, al que hay que apostar para recuperar el consumo captando sobre todo a los jóvenes, a los consumidores no habituales y a quienes al iniciarse puedan hacerlo con un vino agradable, refrescante, de cautivante color y fácil de beber".
"Los rosados se insertaron sin que hubiera una demanda real y aún es un mercado chico", opinó Carlos Navarro, gerente de Bodegas Altus, que se apresta a lanzar un rosado. Explicó que sumar este tipo de vino a su línea responde a "que hay un mercado en crecimiento con una potencial utilidad: introducir nuevos consumidores. Además, es un producto atractivo para ciertos paladares y momentos de consumo y no implica, en su elaboración, costos o esfuerzos adicionales".
La gerenta de Marketing de Alta Vista, Julia Cerutti, añadió que el rosado "aún sigue siendo un vino de inicio y para un momento especial. Hay una demanda, pero a la vez una sobreoferta en la que se destacan pocas marcas. Se trata de que cada bodega apoye su producto para que se posicione por su calidad como uno bien definido y no como un intermedio entre los tintos y los blancos".
Por su parte, Florencia de Cassone, gerente de Exportaciones de Familia Cassone, apuntó que es un vino con tendencia alcista "porque está cambiando la percepción que el consumidor tenía de él, incluso está de moda para ciertos servicios en los que se sirve en lugar del champán". En sintonía, esta empresa lanzó como parte de su marca Finca La Florencia un espumante extra brut en base a rosado de Malbec y Pinot Noir.
A su vez, el sommelier Germán Rechimuzzi consideró que el rosado no es de gran demanda porque "el consumidor no tiene la educación vínica suficiente como para disfrutarlo con todas sus virtudes que son las mismas de un tinto, además de que el color, la estructura y carga aromática resultan más atrayentes que en un blanco".
Más cerca del consumidor que los bodegueros, Rechimuzzi aseguró que que si "no se ofrece, en los restoranes no se pide. El que llega a Mendoza busca el Malbec. Sin embargo, en el crecimiento de la demanda esa puede ser una fortaleza: al atarlo como un subproducto de esa variedad podría alentar el consumo. Otras fortalezas son el que pueda producirse de cualquier variedad de uva y que al tener un precio bajo en relación a sus virtudes organolécticas permite un producto excelente a menor costo que un tinto o un blanco".Fuente:DiarioUno